ProAstronomía

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¿Qué le está sucediendo a nuestro cielo?

Posted by ProAstronomía en marzo 16, 2008

Alejandro Cuba Ruiz

Muchas personas que viven en grandes ciudades y no están relacionadas directamente con la astronomía seguramente no se hayan dado cuenta de que en las últimas décadas nos ha estado afectando un gran problema. No se trata de los problemas sociales, ni de la contaminación producida por los residuos tóxicos de las grandes industrias. Me refiero a la grave situación provocada por la dispersión de la luz emitida por fuentes luminosas artificiales sobre los gases y partículas que se encuentran suspendidas en la atmósfera.

La mayor parte de la gente que no conoce la significación del fenómeno de la contaminación luminosa, quizás la ignore o subestime ante otros tipos de contaminación provocadas por el empeño que han puesto muchas personas en la conquista del medio que las rodea sin el más mínimo respeto por las leyes naturales. Incluso personas que se han enfrentado a la triste situación de querer efectuar una observación astronómica dentro o en los alrededores de una ciudad, por tan pequeña que sea, han sufrido las consecuencias del desvío del haz de luz de la mayoría de las luminarias y proyectores que se encuentran a su alrededor. Ese remanente de claridad que existe sobre las zonas urbanas, nos impide apreciar los eventos más significativos y los espectáculos más maravillosos que ocurren en las cercanías de nuestro universo.

¿Qué es lo que ocurre entonces? ¿Están desapareciendo las estrellas de nuestro cielo? En sentido figurado se podria decir que sí, pero lo que muy pocas personas conocen es que el problema es aún mucho mayor. El resultado del exceso de iluminación de las carreteras y/o la incorrecta posición de las luminarias, puede ocasionar fatales deslumbramientos en los conductores de vehículos. Así lo han demostrado un sinnúmero de accidentes provocados por la pérdida de visión frente a los potentes bombillos que pueden tener una separación mínima o un mal apantallamiento. Este fenómeno no incluye el resplandor de las luces de los automóviles que circulan en la vía contraria o en la que se refleja en el espejo retrovisor.

Por otra parte, es necesario precisar que existen en la biosfera de nuestro planeta miles de seres vivos que dependen de un ambiente nocturno para realizar sus funciones básicas. De lo contrario, morirían. La contaminación lumínica atenta contra la flora y la fauna nocturna, alterando sus hábitats naturales. ¿Pero cómo puede afectar la desaparición de alguna que otra especie de insecto o planta nocturna a un entorno en general? Pues al reducirse una de estas comunidades, ocurre un desequilibrio en la cadena alimenticia de la zona afectada, que puede conllevar a la extinción de todo un ecosistema.

Aún así, aquí no concluye el número de desventajas de este hecho presente en todas las aglomeraciones del planeta. Existen distintos procesos químicos en los que la corriente eléctrica activa determinados gases o sustancias, produciendo luz y calor. De esta forma se logra una iluminación artificial por medio de dispositivos diseñados especialmente para ello, como las lámparas incandescentes y fluorescentes. La mayor parte de las luminarias instaladas en lugares públicos utilizan diversas sustancias que se vaporizan, se calientan y emiten luz cuando actúan con la electricidad. El uso de sustancias altamente contaminantes como el mercurio y los halogenuros metálicos para este tipo de iluminación, provoca de forma indirecta daños en el medioambiente. Tanto en el proceso de fabricación como en el de reciclaje, siempre quedan residuos nocivos que pueden causar desastres ecológicos en la periferia de las zonas industriales.

Además, los niveles de contaminación lumínica son proporcionalmente directos al derroche energético, otro gran problema de nuestro mundo moderno. Mientras más luz se irradie por fuera de la zona a alumbrar o por encima de la horizontal, debido al mal diseño o posición las luminarias exteriores, ocurrirá un mayor malgasto de electricidad por invertir recursos y energía en emitir claridad donde no es necesario. También existen otros factores en cuanto al ahorro energético, como son la selección apropiada del tipo de lámpara a utilizar para las áreas que se deben iluminar, teniendo en cuenta su rendimiento espectral y consumo de lumens por watt (lm/W).

A medida que aumenta la magnitud de este fenómeno por la acción despreocupada de las personas, empresas y compañías que tienen bajo su responsabilidad la ubicación de bombillas o reflectores afuera de los hogares e instalaciones, empeora el daño al medioambiente, la intrusión lumínica, la inseguridad vial, el despilfarro energético y se pierde poco a poco la oscuridad natural del cielo nocturno. A pesar de esto, muy pocas personas, organizaciones y casi ningún estado ha mostrado interés alguno en darle solución a este problema que inevitablemente se incrementará con el tiempo.

Sólo han realizado serios estudios sobre el tema algunas organizaciones, cátedras e institutos estrechamente relacionadas con la astronomía. Únicamente se han puesto en práctica legislaciones y medidas para regular la contaminación lumínica en áreas cercanas a los mayores observatorios astronómico del mundo, ubicados en Islas Canarias (España), La Serena (Chile) e Islas Hawaii (EUA), por sólo citar algunos ejemplos. La mayor parte de estos reglamentos y leyes obligan a evitar la emisión directa de luz hacia el cielo mediante luminarias correctamente cubiertas y sin inclinación. También advierten sobre la iluminación en el rango no visible para el ojo humano (fuera de los 350 a los 760 nm), como es el caso de las bombillas de vapor de mercurio que emiten rayos ultravioletas, los cuales afectan considerablemente los resultados de los estudios radioastronómicos y cuando radian en una onda por debajo de los 310 nm pueden causar daños a los seres vivos. En las regiones donde se han aplicado estas medidas, se ha logrado un significativo ahorro energético que ha permitido utilizar ese dinero para realizar inversiones en los mismos observatorios o en otros proyectos.

La solución de los problemas que derivan de la contaminación luminosa no está en comenzar a vivir a oscuras. Se trata de la reducción de los flujos de luz artificial emitidos hacia el cielo. Seamos mucho más celosos y ahorrativos con las fuentes de energía agotables. Protejamos nuestro medio ambiente, que es el único que tenemos. Sintámonos parte del entorno que nos rodea y luchemos por entregarle a nuestros hijos y nietos el grandioso espectáculo de poder contemplar las estrellas.

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